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agosto 2017

Nostalgia

Camino por una calle, o mejor dicho por su vereda, que atravesé mil veces y de pronto vuelve. Las nubes que tapan mi cielo celeste me traen una tarde que ya no existe. Ibas caminando a mi lado, bastante molesto y sin dudas obligado hacia donde yo quería ir, hacia donde yo debía ir. Y así era nuestro amor, condenado porque yo debía aprender en el camino hacia donde realmente tenía que ir, porque no sabía a donde quería ir. Y cuando lo supe era algo tarde para un amor ahogado por el peso del pasado. Seguir leyendo “Nostalgia”

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Un viejo cepillo de dientes

Estaba lleno de polvo y de repente apareció en la superficie. Mi hermana hablaba y me contaba que no encontraba ese cepillo de dientes. Sus noches compartidas que se difuminan en el alba recién comienzan y las nuestras hace ya tiempo no existen. Los acordes cotidianos que tan felices nos hacían para otros hoy son música que apenas está comenzando. En esos gestos que parecen de lo más mundano vemos como el otro se convierte en parte de nuestras vidas. Ella me hablaba, algo distraída, y ni siquiera sospechaba lo que en mi interior acontecía.

¿Seguirá estando en tu biblioteca esa caja vieja con mi cepillo de dientes? Tu casa aún está en mi retina vívida, tal y como era en los primeros encuentros, tal y como la vi en los últimos. Y mi casa sigue estando igual que cuando viniste por última vez. Tus fotos siguen en mi cuarto y las sigo viendo. Te sigo sintiendo.

Aunque la charla duró un segundo…. y aunque fuese de lo más cotidiano, tu recuerdo volvió tan vívido como siempre pero la ausencia más diluida, más translúcida, más desteñida.

Y mientras ella mencionaba que precisaba ese cepillo de dientes, que él la vería hoy en casa y quizás a la noche lo precisaba se me venían, desordenadas, las fotografías de nuestro tiempo. Noches de cartas, películas y cenas juntos, risas y canciones de cunas cantadas con torpeza, sueños claros de un futuro promisorio. Y ese cepillo de dientes que usabas cuando, pícaro, te extendía la invitación explícita y obligatoria para que conmigo te quedaras.

Te siento cada día más lejos y cada día más adentro. Los días se suceden, uno atrás del otro y parece que el tiempo está detenido en aquel momento. Detenido en aquel momento en el que, genuflexo, miré mi vida caerse como una torre de naipes a la que no podía detener de desmoronarse por haber hecho tan endeble su base.

La vida sigue teniendo sentido y a la vez lo perdió un poco, como si fuera una acuarela que de tanta luz perdió un poco su color. Todo es igual y a la vez tan diferente. Ya no sos mi presente y ya no usás acá tu cepillo de dientes.

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