Camino por una calle, o mejor dicho por su vereda, que atravesé mil veces y de pronto vuelve. Las nubes que tapan mi cielo celeste me traen una tarde que ya no existe. Ibas caminando a mi lado, bastante molesto y sin dudas obligado hacia donde yo quería ir, hacia donde yo debía ir. Y así era nuestro amor, condenado porque yo debía aprender en el camino hacia donde realmente tenía que ir, porque no sabía a donde quería ir. Y cuando lo supe era algo tarde para un amor ahogado por el peso del pasado.

Las calles por las que camino se vuelven imágenes de un tiempo que parece ser hoy. Parezco ser el mismo que en mis tempranos veinte y recuerdo como si fuera ayer las primeras veces que caminé esas veredas. Recuerdo aquellos primeros pasos que las volvieron significativas. Y siento ser el mismo y sin embargo sé que no lo soy. Siento que el tiempo no ha pasado y sé que han volado ya siete años. Y sin dudas estoy en el mismo lugar y con la misma gente.  Y a la vez hay gente nueva. Y a la vez no soy el mismo. Pero me sigo preguntando quien soy y a donde estoy yendo.

Y te pienso y te siento y te recuerdo en cada minuto ya sin que duela. Te recuerdo con añoranza y con algo de pena de haber sido demasiado y de no haber sido suficiente. De haberte querido egoísta y de ser tan minúsculo. Y hay días que pasan y ya no te siento. Ya no te siento cerca de mí y ya no siento lo nuestro. Y de repente camino por una calle y de pronto vuelve. Ese instante pequeño, ínfimo en el tiempo. Y veo una sonrisa en tu semblante, translúcido en mi recuerdo. Y tengo miedo que se borre, tengo miedo de perderlo. Y me aferro al recuerdo como quien se ata a una quimera.

Siento mi cuerpo y todo su peso dando pasos en esas rotas veredas. Lo siento roto y te siento lejos. Me siento roto y me siento lejos. Lejos de saber quién soy y lejos de encontrar un rumbo. Lejos de pertenecer a algún lado y disperso en el aire como polvo que vuela lejos. Y esa ancla que me bajaba subió a su barco y se fue lejos. Y el mío parece encallado en un puerto endemoniado. Y las astillas livianas vuelan lejos y sin camino.

Hay días que no te pienso. Y de repente camino y vuelven los recuerdos.

Anuncios