Y así, de repente, me parece que está de nuevo el amor presente. Me siento predispuesto a la cacería furtiva, a la seducción más clásica y a la galantería más fina. Y el objeto que me deja en esa posición pareciera no estar dispuesto. Su reticencia me esquiva y me hace tener que recurrir a las más astutas de mis picardías.

Sin embargo tengo fe en mi gallardía en la persecución de mi deseo que quiero que sea nuestro. Por eso me él me verá en mi postura más galante y sin atisbo de duda, que para dubitativos está él, completamente dudoso de considerar entregarse nuevamente a los brazos de Eros.

De lo que no me queda ninguna duda es que la idea me devolvió algo de la alegría de la ilusión, perdida tiempo atrás y sólo por eso vale la pena, aunque todo esto quede en una simple disquisición y en una mera idea.

Un nuevo camino comenzó para mí sin explicación alguna, sin advertencias, de forma repentina.

De repente, en cuenta gotas, la esperanza volvió y aunque no cristalice, que esté ya la idea, que vuelvan las ganas y se encienda el corazón de nuevo, aunque se lo refrene, es el comienzo de un nuevo camino.

De repente…

Anuncios