A veces, cuando entrecierro los ojos, te pienso. Te pienso porque me pienso a mí mismo tal y como era en aquellos años. No era ni mejor ni peor que quien soy yo, sino que las piezas de mi puzzle encajaban diferentes. 

En el camino algunas piezas dejaron de ser entre tantos recortes sufridos con el objetivo de poder pertenecer. Otras simplemente aparecieron, germinaron de los restos que quedaban descartadas de otras fichas o aparecieron como por generación espontánea, ¿quién podrá saberlo? Pero sin dudas aparecieron relucientes y listas para ser parte. Para entrar en mi vida.

Y aunque la suma de mis días, mi vida y los proyectos y procesos vividos están desarrollándose exitosamente, con un sentido de orden y pertenencia que no había sentido en tiempo y a pesar de las enormemente amenazadoras tormentas que rodean mi halo luminoso cada vez más cerca, cada vez más reales, cada vez más dispuestas…a pesar de que parecen patéticos proyectos de parcas que no podrán sacarle limpidez a mi sonrisa y brillo de ilusión a mi mirada. 

Y aún así pienso en nuestro pasado y que felices éramos juntos y en todo lo que debo hacer para que, si tengo una nueva chance de amar como te ame y ser correspondido, esa historia funcione. Aprender del pasado. Mejorar. Crecer.

Y a veces pienso en cosas minúsculas como que será lo que estás leyendo ahora, o si ya terminaste la universidad y darás siguientes pasos. Si serás aventurero y buscaras los desafíos o, conforme con tu identidad buscaras seguir tu camino. 

A veces pienso que quizás sin mi no tengas otro que te trate de impulsar a salir a lo nuevo. Quizás es bueno eso. No es obligatorio querer más, quererlo todo. Quizás no sea sano. Yo hoy ya se que no quiero todo. Quiero mucho pero de lo que me hace bien.

Me pregunto si podría tomar un café contigo y contarte quien soy yo hoy y si tú podrías ser mi amigo. O si tu, siendo yo el que soy ahora, te podrías enamorar de esta nueva persona? 

El proceso va en ambas direcciones pero yo se que mi amor por vos sigue siendo fuerte y sigue extrañando nuestra amistad. 

A veces cuando cierro los ojos se me despliegan mil escenarios posibles en los que sigo viendo tu mirada dulce, tu sonrisa tierna y tus manos amables y extremadamente blancas. Y tus dientes hermosos, que aparecen cuando se abre esa boca de frutilla, se sonríen y todo se une en un mensaje de conciliación. 

A veces cuando cierro los ojos imagino un rendez-vous para recordar, para demostrar que el cariño solo se transforma, para sentir conexión, para engañar a la soledad, para vencer al pasado, para cerrar etapas con puentes. 

Y cierro los ojos y lo veo, delgado y rubio, sencillamente vestido, con algo de frío, como si el tiempo no pasara y con el temo se que haya sido demasiado. Y me sonríe y me dice: Hola Fabi querido…