Por Fabián Álvarez

Por alguna razón siempre me sentí cómodo frente a un papel en blanco. Los trazos rápidos y nerviosos de mi mente que va más rápido que mis manos torpes. Desde niño siempre sentí que el papel, tanto para leer como para escribir eran el perfecto subterfugio donde se pueden construir otros mundos posibles, lugares donde pensar y dejar registro de las emociones y las experiencias. El valor de la memoria no es sólo relevante en los acontecimientos que marcan la vida del mundo sino también para nuestros minúsculos compases cotidianos, para poder mirar atrás y entender quienes somos. Mirar quienes fuimos.

El último día de Mayo de 2019 terminó mi experiencia en Enseña Uruguay y la decisión no fue mía. Esto no significa que no la comprenda. Esto no significa que no aprenda y que no esté dando un paso atrás para tomar impulso y seguir caminando el camino de la educación.

La construcción de mi personalidad me hizo una persona conflictiva, de opiniones fuertes, de no tener pelos en la lengua y de ser un transgresor. Y eso puede enmarcarse en el mejor de los sentidos o en el más trágico. Hoy es uno de los días en los que la tragedia le gana a la epopeya.

En 2015 me enteré que existía Enseña Uruguay y quise participar. Daba mis primeros pasos en la educación formal tras años y años de trabajar en educación no formal. Postule dos veces. A la segunda recién entré. Un año después recién pude comenzar y todo mi proceso fue accidentado. Mi década de los veinte fue accidentada. Mi niñez y adolescencia me dejaron roto por dentro. Y yo no fui bálsamo para mis propias heridas. Sólo logré degradarme aún más.

De a poco las piezas se acomodan en su lugar. De a poco todo va cobrando sentido. Comenzó la formación inicial y a los golpes porque mi salud se seguía resquebrajando lo terminé. Y también mi primer año de tutoría y de formación. Y eso solo me dejo con más hambre de mejorar como profesor. Fue la confirmación de que el aula es mi lugar en el mundo. Más aún si es en contexto vulnerable. Que los pibes son mis pibes y que estoy dispuesto a todo y más por ellos. Que estoy dispuesto a nuevos desafíos a pesar de que tenga tanto para pulir y, por ejemplo, no sepa cómo manejar el tiempo, las formas en las que me expreso, las palabras llenas de desaciertos y los desencuentros. Soy cabrón y pasional. Las etiquetas me cuesta seguirlas y en el camino a veces lastimo a otros, muchas veces sin darme cuenta de las consecuencias y de lo que está en juego. De lo que pierdo. Y hoy me tocó perder.

Pero no me voy a concentrar en lo que perdí sino en lo que me llevo.

Me llevo conmigo haber conocido un montón de personas que desde sus lugares y a través de la educación quieren cambiar su realidad.

Me llevo la idea de clases organizadas y pensadas en cinco pasos, en verbalizar los logros de los alumnos con verbos (valga la redundancia) de los cuales pueda tener evidencia del aprendizaje. Me llevo el planificar clases pensando en distintos recursos, en secuenciar las instrucciones, verificar la comprensión, utilizar distintos recursos y pensar en la enseñanza del inglés desde el contenido y no la gramática.

Me llevo las ganas de certificarme como docente y no simplemente serlo porque el sistema me lo permite. Me llevo las ganas de profesionalizar mis prácticas docentes.

Y me llevo la enseñanza, nuevamente, de que toda acción tiene una reacción y de que la terapia es fundamental para mejorar los vínculos interpersonales. Me llevo mirarme más a mi y menos al otro. Me llevo un enorme baño de humildad.

La experiencia de Enseña Uruguay la recomiendo porque te permite mirarte con una luz crítica y esa lupa a veces llega a rincones oscuros del alma que necesitan ser vistos y trabajados.

Y mientras escribo estas líneas en el 186 rumbo a la Escuela Técnica Santa Catalina suena Survivor de Destiny’s Child. Trabajaré en ser mejor cada día, dando tres pasos atrás y dos adelante y zigzagueando pero siempre con la mirada en el horizonte de mis sueños.

Gracias y hasta siempre.

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