Este día del Orgullo es un día muy especial. Es un día de lucha, de recuerdo de quienes nos precedieron en la lucha por nuestros derechos, por despatologizar la homosexualidad como enfermedad y la lucha por el respeto y la dignidad de nuestros cuerpos disidentes, de respeto por nuestra identidad y nuestros derechos humanos continua.

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Hace alrededor de 80 años los homosexuales fueron enviados a campos de concentración por parte de los nazis y como ellos muchas personas fueron víctimas de persecución. La dictadura uruguaya y la primera administración de Julio María Sanguinetti practicó razzias contra nuestro colectivo. En un día como hoy es importante recordar. Somos un colectivo con poca memoria, y eso debe cambiar.

Dentro de nuestro colectivo es especial la situación de la población trans cuya precariedad laboral, educativa y de salud recién se comienza a trabajar para reparar y tenemos políticos en el sistema uruguayo como Veronica Alonso, Dastugue, Iafigliola y Amarilla, del Partido Nacional que consideran que se otorgan con la Ley Trans Ya privilegios a una población cuya media de vida es la mitad que la del resto de la población uruguaya, cuya discriminación e invisibilización está presente incluso en quienes defienden los Derechos Humanos, los medios de comunicación, el sistema político, la justicia que no llega en los asesinatos y ataques de odio.

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Se cumplen 50 años de Stonewall, las protestas en NYC que dan la fecha al día del Orgullo y que marcan un punto de inflexión en la lucha por el reconocimiento de nuestra dignidad humana. Pero que sin dudas no son el comienzo de la lucha… ni el fin.

Fundamental es recordar a las víctimas de la epidemia del VIH-SIDA y la discriminación, desidia y abandono que enfrentaron los primeros que la padecieron y que The AIDS Memorial estuvo recordando en sus publicaciones en Instagram a lo largo del mes.  Continuar educando en eliminar los prejuicios, la prevención, el chequeo y el tratamiento y buscar la mejora de las condiciones de vida es un pilar de la lucha del colectivo LGBT y muchas veces está incluso invisibilizado dentro de nuestra comunidad. 

Miles de intelectuales, artistas y muchos miles más de anónimos y anónimas, aquellos tíos eternamente solteros, aquellas que se quedaban a vestir santos fueron invisibilizados por la imposibilidad de vivir sin miedo y fuera del closet. Por ellos hoy hablamos y recordamos.

Algunos valientes hablaron y su voz fue más fuerte que la de una multitud. A esa gente le debemos tanto y les estoy agradecido.

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Desde niño vivo la discriminación. Se me corrigió la forma de caminar, se me prohibieron juegos y programas de televisión para mirar. El tránsito educativo fue una tortura de comienzo a fin. Se me prohibió entradas a boliches. Hasta una vez una persona me tiro un vegetal en mal estado desde un carrito de hurgadores en Punta Carretas hace no tantos años.

El Día del Orgullo no es un día de celebrarnos solamente sino también de mostrarle al mundo que resistimos, que sobrevivimos y que seguimos adelante brillando con todo ese glitter que aparece en las marchas.

Y que estamos acá para seguir dando batalla.

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