Miradas que van y vienen. Y me percato de ellas al instante. Palabras que suenan a lo lejos. O quizás suenan muy cerca y yo pretendo no escuchar. Durante años decidí no escuchar. Pero siempre tuve muy buena vista, incluso mirando tras cristales dañados o empañados o sucios. Y al sentirme mirado, bajaba la cabeza. A veces aún lo hago. Como si estuviese desnudo. Y el corazón me late tan rápido como la cantidad de pensamientos. Sobre cómo no encajo. Sin dudas no pertenezco.  Sobre cómo me disfrazo sin demasiado éxito.

Y desde afuera quizás se vea como una quimera. Un simple chico rubio. Y que algunos dirían carilindo. Y que algunos dirían que se viste demasiado llamativo. Y que sin dudas nadie piensa que quiere pasar desapercibido. Ser invisible o ser entendido.

Y desde adentro me siento incomprendido, que no pertenezco y que no le encuentro sentido. Sentido a los espacios en los que debería estar habitando… camuflado, integrado. Y sin embargo sea donde sea siempre me siento ajeno. Y pronto será viernes. Y pronto será la noche de un bonito show. Al que fui invitado como también el día anterior a otro lado, donde tampoco siento pertenecer aún si quisiera.

Por alguna razón me genera menos nervios, el jueves que el viernes. El jueves no es día de celebración, siempre puedo escudar mi incomodidad con vagas excusas y volver a mi rincón donde nadie me hará preguntas. Donde nadie me hará.

El viernes es volátil. Y miradas pueden ir y venir. Y yo no saber leerlas. Puedo parecer demasiado intenso o demasiado frío. O demasiado distraído aunque esté todo el tiempo autoconsciente. De lo delgado de mis brazos y lo amarillo de mis dientes. De granos que aún no me abandonan, de grasa qué abulta mi vientre. De no saber qué decir o decir demasiado. De no sentirme relajado. De verme apretado. En mi propia consciencia de mis imperfecciones y autoexigencias.

Yo soy volátil para adaptarme a los viernes. Para ocultar todo lo que siento frente a la inseguridad y la duda.

Y desde afuera quizás no se vea nada de esto, a veces pienso. Piensan que pienso demasiado y sin duda a veces lo pienso. ¿Pero qué pasa si ven todo con mi misma mirada?