A veces me siento un boludo.

Una vocecita me dijo dos veces, seguramente en broma, pero con algo de crítica, que comentaba en muchísimos muros de otros chicos argentinos. Yo sabía que importancia daba a un vínculo y cual a los demás. Empero me replantee si no estaba teniendo, luego de una purga de redes sociales un regreso a ese perfil demasiado público y volví a revisar quienes están en mis listas de contacto en todas las redes sociales y en mi agenda de WhatsApp, borrando también todas las conversaciones, porque quizás realmente precisaba un nuevo comienzo.

Siempre siento que preciso un nuevo comienzo, una hoja en blanco para rasgar con mis garabatos tan inseguros en su grafía como mi alma.

Bien por dentro se que si lo hice, más allá de ser o sentirme un boludo por darle un peso que no debería a un comentario, eso me llevó también a replantearme estar menos expuesto, volver más puertas para adentro y expresarme más a través de la escritura, tratar de construir o nutrir más las amistades de verdad, las cercanas, no entregar mi tiempo, es decir entregarme, a quien sea por cualquier mendrugo de cariño y entender las razones por las cuales me relaciono de forma tan poco saludable con el mundo que me rodea.

A veces me siento solo.

Y a veces ese ruido de las redes sociales, de tener muchos muros donde comentar bobadas a gente que no te conoce te distrae, y no sé si no lo precisaré. Porque por algo lo buscaba ¿no?

A veces me siento como un barco a la deriva y me pregunto si podré tomar el timón.