Te extraño.

Sin dudas tu mirada pícara y las líneas entre tus párpados

y saber que te vería a la mañana con el café recién hecho

hacían que cualquier día fuese mi domingo.

Lo nuestro se sentía nuevo,

y después de tres años me sentía nuevo.

¿Podré ir contigo hacia el futuro?

Siempre me lo preguntaba

y cuestionaba hasta el hartazgo

hasta que las palabras no tienen sentido

y se dividen en grafemas impronunciables.

Y de ideas sin sentido y de palabras que no pude decir

mi corazón se amuralló

y de a poco trato de quebrar la guarida

de crecer.

¿Podremos volver a estar así de cerca?

Me lo pregunto

porque te pienso

hace cincuenta y siete noches

que no te siento dormir antes que yo

y que la cadencia de tu respiración no me envuelve para bajar el arco y las flechas

y entregarme a la tregua.