¡Hola! Mi nombre es Fabián, soy uruguayo, cristiano, gay, estudiante de inglés y en el futuro relaciones internacionales, buscando mi rumbo. Soy voluntario y creyente en el trabajo comunitario. Creyente en el poder de la educación, soy parte del Proyecto Shoá.

Comencé a escribir de niño pero luego me convertí en un gran lector. En AIESEC, ya en 2012 me llegó la oportunidad de escribir semanalmente una historia que inspirara liderazgo y empoderara a la gente. No importaba si era autorreferencial o ficcionaria, no importaba de que forma contara la historia.

Eso supuso un desafío. Porque había que ser seleccionado entre muchos jóvenes de Argentina, Uruguay y Chile para ser los 7 que escribiéramos un día a la semana.

Eso activo nuevamente mi espíritu de escritor y para ganar en la competencia les conté esta historia acerca de mí:

La experiencia más intensa de mi vida fue “salir del closet”. Durante mucho tiempo fui el estudiante perfecto, el amigo perfecto, el hijo perfecto. Además también siento mucha fe en Dios y soy cristiano. Entonces todo eso me generaba culpa. Yo quería complacer a todos. Después descubrí el servicio comunitario y también quise complacer a los demás, quise ayudar a la sociedad.
Con el tiempo me fui cansando de tener una portada perfecta. Además uno de mis valores es la honestidad. Sin honestidad no existe nada que puedas hacer de forma exitosa. Entonces yo era honesto, solo que no hablaba de mis gustos. Finalmente la vida fue pasando, la portada se fue resquebrajando y me dejé sentir. Sentimientos diferentes a los que había tenido. Había amado a mis amigos y a mi familia pero no completamente, porque nunca fui completamente honesto. Había amado a la sociedad pero tampoco había impactado de la forma que puedo impactar ahora porque no había sido completamente honesto.
Finalmente, con un intercambio académico a Estados Unidos, estudiando y descubriendo las maravillas de los derechos humanos, descubrí que tenía el derecho a ser feliz, a ser amado, a sentirme como los demás.
La decisión más dificil fue contarlo. ¿Qué pensarían de mí? ¿Era obvio y soy un ridículo aclarándolo? ¿Me aceptarán? ¿Pensarán que pasé una vida mintiendo?
Sin embargo como sigo creyendo en Dios creo que todo pasa por una razón y hablando con un amigo de mi hermana hablé de este tema porque él estaba con el mismo dilema y pensaba que yo tenía más valor, por enfrentar el bullying de forma tan valiente y por ser tan auténtico a pesar de estar dentro del “closet”. Entonces, era obvio que tenía que hablarle a mi hermana. Le hablé y ella lo estaba esperando ansiosamente, y muchos de mis amigos que no sabían -la mayoría- tuvieron reacciones variopintas pero todas positivas. Con mi familia fue más complejo. Pero todo esto me fortaleció, empecé a hacer voluntariado de otra manera, defendiendo mis derechos como minoría pero de forma inclusiva dentro de la sociedad. Mostrando que somos parte de la sociedad y que somos como todos los demás y merecemos lo mismo. Viviendo la diversidad y mis valores de forma más completa, y siendo mucho más feliz.

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