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Reflexiones

Acordes cotidianos

Suena en mis oídos la música que siempre suena y todo el primer ómnibus de día y ya lejos quedó mi desayuno, mis inyecciones y pastillas que me permiten continuar vivo.

En el balanceo del ómnibus entre cierro los ojos mientras me empuja toda mi voluntad para continuar el día. Para continuar con mi vida. Y miro al mundo despertarse y pienso si realmente están despiertos. ¿Realmente estoy despierto?

Y la música cambia en este teléfono inteligente, cambiando absolutamente la atmósfera reflexiva de lo que escribo. Y las palabras igual fluyen pero son un río sin un curso fijo ni un destino determinado.

Y el cielo está gris y parece que hubiera perdido la guerra y a veces lo extraño. Extraño a ese hombre que me hizo suyo durante algunos meses, pero aún no estoy limpio.

Y pienso en todos a los que mi impureza no les importa porque ven en mi un poco de consuelo y amor que a veces les falta. Amor que a mi me falta y que decido entregar porque el amor no se retacea, se multiplica.

Y el día continúa, y subo de a poco las escaleras mientras sigo escribiendo, mientras sigo intentando cuidarme un poco, principalmente para poder seguir dándome a otros.

Sin embargo si me soy honesto también arrastro los pies en el viejo piso de pequeñas venecitas verdes antes de zambullirme en la piscina pensando infantilmente que podré arreglar mi autoestima si cambio ligeramente mi envase.

Y eso es contradictorio a todo lo que digo creer pero es curioso que no siempre sentimos lo que creemos.

El día continúa y con el me olvido de esta reflexión, porque brillan miles de soles a diario, aún en los días nublados.

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Ser incluido

De repente sentir que este es mi lugar

y que nosotros ponemos las reglas

y que me dejo llevar

como río que inexorablemente irá a un mar.

 

Y nuevas coincidencias

y la desesperanza de antaño

que me mete en lugares recónditos

que no son lugares

y vuelvo a lo terrenal

y dos extraños conocidos me llevan a jugar en Las Vegas con los chicos que mi subconsciente aún ve como todo lo que no soy

y a lo que no pertenezco

como turista en mi propia tierra

que en mi interior aún no es mía.

 

Quince años luego de realmente no pertenecer,

y de tener aquella errada impresión

de que los demás se sienten cómodos en su propia piel,

puedo sentir que pertenezco

aunque no exista pertenencia

porque siempre se anhelan las ausencias.

 

El deseo contenido

ironías del destino

roces y mimos

y miradas que por momentos son profundas

complejas y tristes.

 

Yo las veo

porque son un espejo de lo que soy,

y de lo que siempre en parte seré.

 

Y pregunto porque me importa

aunque sea por ese instante

de absoluta entrega

de intimidad con ropa

porque lo que caen son las armaduras.

 

Cuando no se que decir

simplemente atino

en un gesto automático

a sonreír

Esperando que esa mueca

me haga escapar de todas mis falencias

Y me haga sentir que no tengo deficiencias.

 

Generalmente esa sonrisa

que esconde miedos

también muestra mi dulzura

mi humanidad entera

y en mi fragilidad

vulnerable y sin subterfugios

termino protegido.

 

Y de repente

en este silencio ensordecedor

no siento temor

ni siento reparos.

 

Me siento al amparo

de mis nuevas fortalezas

que me permiten afrontar con entereza

momentos que ya no son de debilidad

ni de tanta incomodidad

sino felices,

compartidos

con extraños conocidos.

Sin decirlo

De repente me llega un mensaje

como una verdadera sorpresa

y suena esa voz con sus pautas porteñas

con una sonoridad especial con la que me ha compartido su alma

pero esta vez venía con una broma,

con un poco de fingida bronca

de no pensarse único.

 

Y lo que no sé es si no parece darse cuenta

es de lo único que es él para mi

en mí camuflado esfuerzo de buscar siempre ser comedido

cuando me parece un principito de ensueño

y un rebelde con causa

enfundado en esa ceñida camiseta blanca

que lo hace tan sexy

como a aquel personaje de Al este del paraíso.

 

Y con cientos de palabras

e infinidad de horas

donde yo medía hasta donde iba

han pasado más de un centenar de mediodías

donde le envío mensajes

o espero sus respuestas.

 

Y se acerca la hora del encuentro

y de a poco aumentan mis nervios

y cambia mi voz cuando le hablo

dicen mis amigos con total desparpajo

y me sonrío como un colegial

aunque con el semblante apesadumbrado

y el cuerpo todo preparado

para que la distancia lo que no comenzó ya lo pare

y yo quedarme con la incertidumbre de no haberlo intentado

y de haber cuidado mi pasión

con tal de no alejarlo

de no asustarlo

de respetarnos.

 

Y me siento volver a una adolescencia que no tuve

y a volver a sentir sin animarme a del todo decir.

Irradiar un poco yo

A veces me levanto y pienso que estoy listo para ser extraordinario,

listo para el combate diario

y de repente las piernas se quedan paralizadas

y es solo mi alma la que se mueve

dentro de un cuerpo inmóvil

detenido por un peso inmenso e invisible.

 

A veces despierto y parece que siguiera durmiendo

y a veces no puedo siquiera entregarme a Morfeo.

Pero es como si no estuviera.

Esos días simplemente desaparecen.

 

Y desaparezco yo mismo entre pensamientos de grandeza

y la más absoluta e irreductible miseria

en la que me sumerjo,

que se disfraza de glotonería y lascivia.

 

A veces me levanto y amo a mi cuerpo

y a veces lo odio

y quisiera salir del envase

que frena todas mis intenciones

y a veces solo quisiera que las manos de quien deseo guiaran el deseo

y me llevaran a recorrer sus intenciones.

 

Y pienso si eso es la salida o una evasiva

pienso si es mi lado oscuro

o simplemente es que estoy repleto de oscuridad

y podría ser una lumbrera.

 

¿Me tiene que iluminar un otro?

¿No podré irradiar un poco yo?

No estoy listo

Pensaba que estaba listo para escuchar que me amabas

pero no se que esperaba

a donde iba

o quien me llamaba.

 

Y no estaba listo

y estoy perdido

en una oscuridad absoluta

y esa noche me desgarra. 

 

Me perfora como el sonido de las tizas contra la pizarra

me parte como la piel áspera de mis manos sucias

esa tristeza infinita

inconmensurable

inexplicable.

 

Y no estoy listo para amar

ni para oírte.

No estoy listo.

Una mirada frente a una invitación

Miradas que van y vienen. Y me percato de ellas al instante. Palabras que suenan a lo lejos. O quizás suenan muy cerca y yo pretendo no escuchar. Durante años decidí no escuchar. Pero siempre tuve muy buena vista, incluso mirando tras cristales dañados o empañados o sucios. Y al sentirme mirado, bajaba la cabeza. A veces aún lo hago. Como si estuviese desnudo. Y el corazón me late tan rápido como la cantidad de pensamientos. Sobre cómo no encajo. Sin dudas no pertenezco.  Sobre cómo me disfrazo sin demasiado éxito.

Y desde afuera quizás se vea como una quimera. Un simple chico rubio. Y que algunos dirían carilindo. Y que algunos dirían que se viste demasiado llamativo. Y que sin dudas nadie piensa que quiere pasar desapercibido. Ser invisible o ser entendido.

Y desde adentro me siento incomprendido, que no pertenezco y que no le encuentro sentido. Sentido a los espacios en los que debería estar habitando… camuflado, integrado. Y sin embargo sea donde sea siempre me siento ajeno. Y pronto será viernes. Y pronto será la noche de un bonito show. Al que fui invitado como también el día anterior a otro lado, donde tampoco siento pertenecer aún si quisiera.

Por alguna razón me genera menos nervios, el jueves que el viernes. El jueves no es día de celebración, siempre puedo escudar mi incomodidad con vagas excusas y volver a mi rincón donde nadie me hará preguntas. Donde nadie me hará.

El viernes es volátil. Y miradas pueden ir y venir. Y yo no saber leerlas. Puedo parecer demasiado intenso o demasiado frío. O demasiado distraído aunque esté todo el tiempo autoconsciente. De lo delgado de mis brazos y lo amarillo de mis dientes. De granos que aún no me abandonan, de grasa qué abulta mi vientre. De no saber qué decir o decir demasiado. De no sentirme relajado. De verme apretado. En mi propia consciencia de mis imperfecciones y autoexigencias.

Yo soy volátil para adaptarme a los viernes. Para ocultar todo lo que siento frente a la inseguridad y la duda.

Y desde afuera quizás no se vea nada de esto, a veces pienso. Piensan que pienso demasiado y sin duda a veces lo pienso. ¿Pero qué pasa si ven todo con mi misma mirada?

Supongo

Supongo que no está realmente muerto

mustio y descolorido

si realmente quiero volverte a ver

y si realmente no pienso en quien me marcó cuando tenía veinticinco.

 

Supongo que aún siento

si me sonrío ante la idea

de mis manos y las tuyas

aunque en mi mente aún pulule la duda.

 

Supongo que ya no podía volver más atrás

y el Río Negro siempre va hacia adelante y nunca es el mismo.

 

Supongo y son suposiciones

pero me llenan

porque suponer es parecido a esperar

esperar es parecido a soñar

y yo supongo, espero y sueño

con rebobinar mi mente y que realmente volvamos a vernos

como en los primeros días.

 

El Río me inspira

a avanzar con valentía

a pesar de mis imperfecciones

porque al final en la vertiente

las aguas se mezclan y se convierten en vida.

¿Qué le pasará al poeta y al bailarín?

Algunas líneas

mundanas e intrascendentes

terminan bombeando fuerte

y dejándome la boca en media luna

a pesar de las dudas

y de las ganas de mantenerme

de forma indeleble

a la miel que a veces desayunamos.

 

No hay caso

y no es que quiera

sentirme así

sentirlo cerca

y a la vez ver un poco con miedo

a ese encuentro que hemos pospuesto.

 

Desencuentros que surgen

de temperamentos fuertes

de encuentros tempranos

y de apuros cotidianos

apresurados

y con el espíritu arrebolado

los sentimientos entran

uno a uno y cada vez más

como la sala de un Auditorio que se llena.

 

Y el lunes 1 suena a comienzo,

a sábanas limpias

y a nuevos sueños.

Pero ¿qué tal si en vez de sábanas es mortaja?

¿Qué le pasará al poeta y al bailarín?

Día del Orgullo – Por Fabián Álvarez

Este día del Orgullo es un día muy especial. Es un día de lucha, de recuerdo de quienes nos precedieron en la lucha por nuestros derechos, por despatologizar la homosexualidad como enfermedad y la lucha por el respeto y la dignidad de nuestros cuerpos disidentes, de respeto por nuestra identidad y nuestros derechos humanos continua.

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Hace alrededor de 80 años los homosexuales fueron enviados a campos de concentración por parte de los nazis y como ellos muchas personas fueron víctimas de persecución. La dictadura uruguaya y la primera administración de Julio María Sanguinetti practicó razzias contra nuestro colectivo. En un día como hoy es importante recordar. Somos un colectivo con poca memoria, y eso debe cambiar.

Dentro de nuestro colectivo es especial la situación de la población trans cuya precariedad laboral, educativa y de salud recién se comienza a trabajar para reparar y tenemos políticos en el sistema uruguayo como Veronica Alonso, Dastugue, Iafigliola y Amarilla, del Partido Nacional que consideran que se otorgan con la Ley Trans Ya privilegios a una población cuya media de vida es la mitad que la del resto de la población uruguaya, cuya discriminación e invisibilización está presente incluso en quienes defienden los Derechos Humanos, los medios de comunicación, el sistema político, la justicia que no llega en los asesinatos y ataques de odio.

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Se cumplen 50 años de Stonewall, las protestas en NYC que dan la fecha al día del Orgullo y que marcan un punto de inflexión en la lucha por el reconocimiento de nuestra dignidad humana. Pero que sin dudas no son el comienzo de la lucha… ni el fin.

Fundamental es recordar a las víctimas de la epidemia del VIH-SIDA y la discriminación, desidia y abandono que enfrentaron los primeros que la padecieron y que The AIDS Memorial estuvo recordando en sus publicaciones en Instagram a lo largo del mes.  Continuar educando en eliminar los prejuicios, la prevención, el chequeo y el tratamiento y buscar la mejora de las condiciones de vida es un pilar de la lucha del colectivo LGBT y muchas veces está incluso invisibilizado dentro de nuestra comunidad. 

Miles de intelectuales, artistas y muchos miles más de anónimos y anónimas, aquellos tíos eternamente solteros, aquellas que se quedaban a vestir santos fueron invisibilizados por la imposibilidad de vivir sin miedo y fuera del closet. Por ellos hoy hablamos y recordamos.

Algunos valientes hablaron y su voz fue más fuerte que la de una multitud. A esa gente le debemos tanto y les estoy agradecido.

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Desde niño vivo la discriminación. Se me corrigió la forma de caminar, se me prohibieron juegos y programas de televisión para mirar. El tránsito educativo fue una tortura de comienzo a fin. Se me prohibió entradas a boliches. Hasta una vez una persona me tiro un vegetal en mal estado desde un carrito de hurgadores en Punta Carretas hace no tantos años.

El Día del Orgullo no es un día de celebrarnos solamente sino también de mostrarle al mundo que resistimos, que sobrevivimos y que seguimos adelante brillando con todo ese glitter que aparece en las marchas.

Y que estamos acá para seguir dando batalla.

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