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Ni a regañadientes

Las primeras luces del alba penetran el cielo
y acaban así el hechizo de la noche
y me quitan el velo
que me hacía pensar que aún era posible lograr eso que anhelo. Seguir leyendo “Ni a regañadientes”

Soltar y dejarte ir

Soltar y dejarte ir
y darme cuenta que ya sos libre como el aire
duele y cuesta porque es sentir
que finalmente me rendí.

La espera no puede ser eterna
y hace tiempo ya que me puse a disposición
en la más absoluta e irreductible entrega
para que a mí volvieras
y cada día que pasa, la distancia se siente menos pasajera.

Debo sanar y avanzar,
tomar un nuevo rumbo.
Soltar. Seguir leyendo “Soltar y dejarte ir”

El eco de una vieja canción

El carrusel dejó de girar
y la música cesó de sonar
y aunque empeño he puesto
las piezas parecen no querer encajar.

Pareciera que te es imposible perdonar
y que te es imposible olvidar
y yo no paro de recordar…
cuando cruzo la estampa
de una vieja camiseta mía que solías usar.

La ciudad parece impregnada de tu presencia luminosa
aunque, entre nosotros, ambos sabemos que poco la transitás
pero mi mente te ve en todas las cosas
y mi mirada aún busca entre los transeúntes
volver a ver tu roja boca,
tus pestañas largas, tu mirada dulce
y tu piel que contra la mía curtida se ve tan blanca.

Mis oídos se rehúsan poco a poco a escuchar la melodía de la esperanza
de tenerte entre mis brazos
de sentir tu mano fundida en mi mano.

Y cuando la inmensidad del aire pareciera ahogarme
me salva el eco de una vieja canción
y te siento pidiendo una vez más cantarte
esa canción de cuna de una infancia ajena
y ahí parece ser posible por un instante la quimera.

Y ahí yo ya quisiera
convencerte de que mi vida entera
la pasaría haciéndote feliz, si tan sólo así vos lo quisieras.
Si tan sólo vos pudieras.

En esta batalla entre mi amor y tus miedos
yo ya estoy jugado.
Hundiste mis barcos
y de manos y pies me siento atado
y ya es tiempo de que juegues tu última ficha.

Ojalá que la jugada sea lo que tu alma desea.
Ojalá no sea el miedo el que, cobarde, termine la partida.

San Valentín

San Valentin viene hoy a mi en el desencuentro, en el presente aún mancillado por el pasado,
que en clave de tormento,
como venenoso puñal
se clava en el medio del pecho.

Pero yo me se amado
y yo he amado.
El amor nunca debería conjugarse en pasado
porque una vez en el mundo
jamás se da por acabado. Seguir leyendo “San Valentín”

En nuestro tiempo

Los acordes cotidianos se suceden.
Lágrimas y risas,
también cosas del día a día,
lo que sea que al cactus permita
no volverse cosa marchita.

Y de a poco con la brisa de estío
se corrió la ventana y con estilo bravío
me abalanzo a él aún al rojo vivo. Seguir leyendo “En nuestro tiempo”

Cuenta gotas

En un dia que pintaba aciago
y de repente
como con cuenta gotas
un fugaz arpegio de notas de una melodía que ya no existe
Tu voz irrumpió como un haz de luz
hálito de vida
que por un instante hizo que recobrara la sonrisa. Seguir leyendo “Cuenta gotas”

Fuegos artificiales de un nuevo año

Y dice que recuerde mirar el cielo
brillante de colores artificiales y estruendoso…
cuando mi cielo mas bello es el mirado juntos en esta larga primavera.

Aún me restan cielos por mostrarte,
de cúpulas surreales
y un jardín de cuento de hadas
que habita entre nosotros tan solo a unas cuadras. Seguir leyendo “Fuegos artificiales de un nuevo año”

Sin consuelo

No hay consuelo
Cuando viste el mas bello de los cielos
y ufano en que era una odisea hiciste de todo para ennegrecerlo.

Y hoy busco mi horizonte limpio
en un montón de cielos penetrados por chimeneas y suciedad
Y no hay consuelo
para tan innecesaria soledad.

Solo hay desazón
cuando tenes que dejarlo ir y decir adiós
solo hay lagrimas.
De esas que duelen desde que salen
hasta que caen en las sabanas que solíamos compartir.

No encuentro consuelo.
No siento sosiego.
Mi mundo entero es mustio y es feo
con la certeza de que tu piel de leche y tus ojos de avellana no se posarán más en mi simiente.

Tímidas las lágrimas aparecen
porque hoy
siendo el hombre que soy
no encuentro consuelo.

Páramo desaparecido

Tome mucho por sentado
y tenia los cables cruzados.
Queme mi refugio
Y ese páramo para siempre desapareció.

Ahora todo se siente extranjero
salvo mi certeza de que aun lo quiero.
Errante esta mi corazón
allí solo hay brasas y cenizas.

Y mi mente parece que pende de una alta cornisa
donde cada ráfaga de viento
la mecen.
Nunca toca el borde.

La para el amor
que distante y dolido aun siento,
que llega como el viento invisible.
Amor indecible.
No deja de estar
y de gritar en el abrumador silencio
de una posada indiferencia.

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