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julio 2019

Santa Teresa de Jesús

Ya no es más mi heroína

ya no “muero porque no muero…”

ya mi cárcel no es mi cuerpo

ya no odio mi reflejo

y a veces todo eso se derrumba como un castillo de naipes.

 

Una tormenta invisible

que ya no me limpia

me hace volver a odiarme

y en una encrucijada

me pone

nuevamente.

 

Y esa tormenta no apaga

esas llamas infernales

que me hicieron sentir encarcelado

en mi carne y mi deseo.

 

Y cada tanto pienso

en lo que hubiese pasado

si te hubieras quedado

aunque mi crueldad indeseada,

ni pensada

ni buscada

fuera la que te alejara.

 

Y me mutilo de a poco

para seguirme odiando

por lo que me odiaron

y quebraron

cuando aún no podía extender mis alas

y despegar.

 

Mis héroes y mis heroínas

ya no solo sufren

y dan hasta que duela

pero ya no me veo en su reflejo

y son solo inspiración.

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En mis propios enredos

Estoy perdido

y no pensaba que podía caer más bajo

y no pensaba que me podía perder más

y acá estoy mirando la encrucijada

cuesta abajo.

 

Y vos pensabas que me veía bien

sin tantas máscaras

y aún así nunca baje la guardia.

 

Y ¿quién podría quedarse así?

Solo yo me puedo ver

y a veces ni siquiera me lo permito.

 

Y con esas armaduras

salgo a enfrentar dragones

que no están ya allí

y que son simplemente el miedo y el odio a mi propio reflejo.

 

Y me hago grande

y sigo preso

y perdido

en mis propios enredados laberintos.

No estoy listo

Pensaba que estaba listo para escuchar que me amabas

pero no se que esperaba

a donde iba

o quien me llamaba.

 

Y no estaba listo

y estoy perdido

en una oscuridad absoluta

y esa noche me desgarra. 

 

Me perfora como el sonido de las tizas contra la pizarra

me parte como la piel áspera de mis manos sucias

esa tristeza infinita

inconmensurable

inexplicable.

 

Y no estoy listo para amar

ni para oírte.

No estoy listo.

Una mirada frente a una invitación

Miradas que van y vienen. Y me percato de ellas al instante. Palabras que suenan a lo lejos. O quizás suenan muy cerca y yo pretendo no escuchar. Durante años decidí no escuchar. Pero siempre tuve muy buena vista, incluso mirando tras cristales dañados o empañados o sucios. Y al sentirme mirado, bajaba la cabeza. A veces aún lo hago. Como si estuviese desnudo. Y el corazón me late tan rápido como la cantidad de pensamientos. Sobre cómo no encajo. Sin dudas no pertenezco.  Sobre cómo me disfrazo sin demasiado éxito.

Y desde afuera quizás se vea como una quimera. Un simple chico rubio. Y que algunos dirían carilindo. Y que algunos dirían que se viste demasiado llamativo. Y que sin dudas nadie piensa que quiere pasar desapercibido. Ser invisible o ser entendido.

Y desde adentro me siento incomprendido, que no pertenezco y que no le encuentro sentido. Sentido a los espacios en los que debería estar habitando… camuflado, integrado. Y sin embargo sea donde sea siempre me siento ajeno. Y pronto será viernes. Y pronto será la noche de un bonito show. Al que fui invitado como también el día anterior a otro lado, donde tampoco siento pertenecer aún si quisiera.

Por alguna razón me genera menos nervios, el jueves que el viernes. El jueves no es día de celebración, siempre puedo escudar mi incomodidad con vagas excusas y volver a mi rincón donde nadie me hará preguntas. Donde nadie me hará.

El viernes es volátil. Y miradas pueden ir y venir. Y yo no saber leerlas. Puedo parecer demasiado intenso o demasiado frío. O demasiado distraído aunque esté todo el tiempo autoconsciente. De lo delgado de mis brazos y lo amarillo de mis dientes. De granos que aún no me abandonan, de grasa qué abulta mi vientre. De no saber qué decir o decir demasiado. De no sentirme relajado. De verme apretado. En mi propia consciencia de mis imperfecciones y autoexigencias.

Yo soy volátil para adaptarme a los viernes. Para ocultar todo lo que siento frente a la inseguridad y la duda.

Y desde afuera quizás no se vea nada de esto, a veces pienso. Piensan que pienso demasiado y sin duda a veces lo pienso. ¿Pero qué pasa si ven todo con mi misma mirada?

Supongo

Supongo que no está realmente muerto

mustio y descolorido

si realmente quiero volverte a ver

y si realmente no pienso en quien me marcó cuando tenía veinticinco.

 

Supongo que aún siento

si me sonrío ante la idea

de mis manos y las tuyas

aunque en mi mente aún pulule la duda.

 

Supongo que ya no podía volver más atrás

y el Río Negro siempre va hacia adelante y nunca es el mismo.

 

Supongo y son suposiciones

pero me llenan

porque suponer es parecido a esperar

esperar es parecido a soñar

y yo supongo, espero y sueño

con rebobinar mi mente y que realmente volvamos a vernos

como en los primeros días.

 

El Río me inspira

a avanzar con valentía

a pesar de mis imperfecciones

porque al final en la vertiente

las aguas se mezclan y se convierten en vida.

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