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julio 2014

Las redes sociales y la atracción en el ambiente gay

principio

En el ambiente gay, quizás en los vínculos heterosexuales también ocurre, pero voy a hablar de lo que conozco, muchas veces ocurre que la gente se conoce a través de las redes sociales. Es que en los ambientes que la gente transita, el trabajo, las casas de estudio, los clubes deportivos, etc., muchas veces es difícil encontrar una persona de una orientación sexual minoritaria que te resulte, a su vez, atractiva.

Existen prejuicios y discriminación que todavía opera entonces en el anonimato de las redes sociales la gente construye perfiles, seleccionado lo que quieren mostrar, y poco a poco se construye una red de contactos donde mucha gente se conoce entre sí.

A veces se generan vínculos de amistad con ese aspecto de pertenecer a una minoría sexual (con lo que conlleva en experiencias de vida similares, gustos musicales parecidos, lugares a los cuales salir, etc., que son comunes o al menos más comunes que con algunas personas heterosexuales que puedan ser nuestros amigos y familiares pero acompañarnos en otros ámbitos de la vida y no en estos).

Además las redes sociales nos protegen del cara a cara y son casi gratuitas. Solo hay que tener conexión a internet. Las discotecas y demás lugares gay friendly conllevan un costo monetario y asimismo una valentía para ir y enfrentarse a un micro mundo que no siempre es amigable. La movida gay puede llegar a ser muy hostil.

Los mas jóvenes a veces nos atrevemos a conocer gente en cualquier lado y demostrar si existe atraccion con mas naturalidad, como el resto. Pero no siempre es posible. No siempre la vida nos cruza con gente que nos atraiga en ambientes no gays.

Por eso las redes sociales, tanto las que usa todo el mundo, como las especializadas (ejemplo de la primera Facebook y de la segunda Manhunt) suelen ser populares en el ambiente gay para conocer gente.

Hay gente que decide mostrarlo todo en su perfil. Otros construyen perfiles específicos para conocer gente gay, poder tener sexo o vinculas más duraderos. Otros tienen perfiles más profesionales. Pero todos los perfiles, incluso en sus omisiones dicen algo de quien los creo.

Y por eso a veces con una conversación por una de esas redes, tras haber mirado un tiempo la forma en la que trabaja con su perfil, que cosas publica y que cosas no, basta como para querer que el vínculo pase a ser real, empiecen a haber llamadas telefónicas y hasta citas.

A veces lo que vemos nos motiva a más.

Lo peligroso de esta forma de vincularse, más allá de los peligros que la gente siente al conocer desconocidos, es quedarse en lo virtual y no animarse a vivir historias de verdad, amistades sinceras, amores fuertes. Porque en Montevideo es fácil saber si un perfil de Facebook es falso y es fácil obtener información y credenciales que aseguren que una persona es de confiar o no. Incluso para más seguridad se puede uno conocer en lugares públicos e ir construyendo la confianza de a poco hasta pasar a ámbitos más privados.

Pero cuando no nos animamos a conocernos, a vincularnos, o simplemente decidimos no hacerlo y nos quedamos con las pantallas de las computadoras, de los teléfonos y de tantos otros dispositivos que nos achican las distancias pero a la vez nos alejan de vínculos reales y físicos con gente, en cierto sentido comprometemos nuestra humanidad.

El hombre por naturaleza es un ser gregario y en la sociedad de la información y de las telecomunicaciones proteger los vínculos humanos directos es importante. Reflexionar sobre eso es importante.

Por eso en las comunidades cerradas, donde opera todavía la autocensura y la discriminación, tanto desde el exterior hacia la comunidad, como dentro de la comunidad misma, como ocurre con el ambiente gay, pueden ser pasibles de tentarse a vivir en la virtualidad y el anonimato de las redes sociales.

Pero con esto se pierden de las más grandes dichas que la vida no da, que es compartir nuestro camino con otros y otras.

Abrazo!

El VIH no desaparecerá en esta generación

CNNEspañol.com

Por Saundra Young

(CNN) — Solo tenía 18 años cuando recibió la noticia. Era el verano antes de su último año en la preparatoria.

“Tenía una fiebre de 39 grados centígrados”, dijo Bryan Seth Johnson. “El cuerpo me dolía; no comía, no podía mantener los alimentos. Me sentía débil todo el tiempo”.

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Encuentro fortuito 10: Los pins

Todos los que me conocen o me leyeron alguna vez saben que integro un proyecto que se llama Proyecto Shoa, memoria y legado del holocausto. Integrar un proyecto como este es algo crucial en mi vida, que me define y que me hace ser quien soy. O quizás por ser quien soy es que integro el proyecto. De todos modos, es importante y significativo para mí la pertenencia al proyecto. No es algo casual.

Empezar a trabajar en un trabajo de 9 horas hace que el nivel de involucramiento disminuya. O eso pensaba yo.

Cuando entro al trabajo un día, delante de mi veo a una mujer con una mochila con tres pins de los que entregamos en los talleres. La corrí para preguntarle, quizás era una estudiante de un liceo nocturno, o la madre de un alumno que recibió el taller y al comenzarlo en su casa, quiso tener con ella los pins porque también se sintió conmovida por el mensaje del proyecto. Me conto que era amiga del chofer del proyecto y que le gustaron los pins un día que los vio.

Al comentar esto en Facebook en un grupo que tenemos todos los integrantes del Proyecto, Alejandro (el chofer) completa la historia diciendo que esa mujer comenzó su interés al ver los pins, porque les parecieron lindos. Porque lo son. Pero luego Alejandro le conto la historia e incluso leyó un libro en el cual gran parte de la actividad se basa. Esa mañana sentí que el proyecto estaba más cerca de mí que los otros días que había venido a trabajar. Y también al conocer toda la historia de la mujer con la mochila y los pins, de que todos los que integramos el proyecto, en el lugar en el que estemos, estamos convencidos del mensaje que trasmitimos y estamos dispuestos a educar dentro y fuera de los talleres sobre la temática, promoviendo la no discriminación.

Y en la tarde al subirme al ómnibus veo a una chica, definitivamente una estudiante de secundaria con un pin en su mochila, y al mirar por la ventana veo institutos a los que yo en algún momento fui a dar talleres. Ahí me di cuenta de que a pesar de que estoy menos involucrado, haciendo menos talleres, yo ya deje mi huella que es una de tantas en una costa que se las lleva y las difumina, pero como seguimos caminando vuelven a aparecer en arena nueva.

Además mi participación comenzó a ser desde otro lugar. Al tener tres años en el proyecto ya tengo experiencias que puedo compartir con gente que recién comienza. También puedo elegir seguir educándome en las temáticas para aportar desde el conocimiento otras cosas. Y cuando finalmente ya no pueda seguir aportando nada al Proyecto, todo lo que aprendí se va conmigo al nuevo lugar en el que este e indudablemente eso será un diferencial a la hora de trabajar en ese nuevo espacio.

shoa

62# Dejar AIESEC fue la decisión más inteligente que tome

Quienes lean este encabezado y conozcan mi historia con AIESEC quizás piensen que es increíble que titule algo así, cuando fui un miembro de AIESEC durante tanto tiempo y tan convencido de su poder para impactar positivamente en la vida de otros. Otros puedan pensar que por mis vaivenes en la organización hoy escribo desde el resentimiento, e incluso pueden pensar que es increíble que a un año de haberme ido siga resentido.

Lo cierto es que si bien en mis últimos tiempos dentro de la organización yo tenía diferencias de ideas con otros miembros y que seguramente si me junte con gente que pertenezca a la organización o con ex miembros y nos planteemos cosas tengamos diferencias, no nace del resentimiento el título de esta entrada.

Agradecimiento infinito es lo que tengo para la organización. Entre siendo un niño grande de 18 años y me fui siendo un hombre. Sin embargo, dejar AIESEC fue la decisión más inteligente que tome.

Que yo entrara en AIESEC fue un accidente. A veces pienso eso. Porque en realidad yo estaba en una universidad que no era para mí y vivía una vida que no era la que realmente hoy me identifica. Sin embargo no fue un accidente porque yo tengo internalizados los valores y la visión y misión de AIESEC como propios, para mi vida cotidiana.

En mi tiempo en la organización me metí en muchos proyectos, participe de muchos equipos, incluso dirigí uno. En muchos de esos momentos sentí que fracasaba y de hecho así era. Sin embargo de tanto fracaso, de tanta exposición a nuevas ideas, nuevas personas, e instancias de pensarme a mí mismo, mi carrera y mi vida personal, surgió un crecimiento y una introspección que yo no solía tener. Todo eso me hizo pensar de nuevo que quería hacer con mi vida y darme cuenta que la educación es mi vocación y las relaciones internacionales son simplemente un interés más que tengo. A nivel personal permitió que yo destapara la personalidad que tenía bajo los traumas del bullying. La organización me dio fuerzas y herramientas para seguir adelante.

Pero yo quede prendado por los AIESECos exitosos, por aquellos que lideraban y hacían cosas increíbles dentro y fuera de la organización. Y quería ser uno de ellos. Pero lo que para mí es éxito, no se puede medir bajo esa vara. Yo creo en el impacto directo en la sociedad, en el trabajo de campo, en la educación, y el impacto de AIESEC suele ser indirecto y las estructuras de forma empresarial. Eso sumado a que mi vida personal era caótica, hacia virtualmente imposible que yo fuese exitoso en los proyectos que AIESEC tiene para ofrecer. O que fuera feliz haciéndolos.

Sin embargo yo estaba decidido a tener una revancha y demostrar que soy tan capaz e inteligente como cualquiera de los líderes de AIESEC. Y buscaba una nueva y una nueva y una nueva oportunidad de probarme a mí mismo y a los demás. Y en realidad no tengo que probarle nada a nadie.

Además sentía que como no había alcanzado ciertas posiciones jerárquicas me quedaban cosas por aprender y experiencias por vivir que tenía que vivir en AIESEC.

Si bien es cierto que AIESEC siempre tiene un desafío más grande para que uno asuma y enseñanzas que vienen con el cumplimiento de esos desafíos no es el único lugar para aprender esas lecciones. Ni la forma de aprender que ofrece AIESEC es la única forma de aprender. Y quizás no sea el más adecuado para uno. Uno tiene que saber involucrarse y tomar desafíos pero también tiene que saber cuándo es momento de irse. Y yo no lo sabía. No lo sé. Me cuestan las despedidas.

Pero las despedidas son nuevos comienzos. Y esos aprendizajes que no obtuve en AIESEC los obtuve y obtendré en esos nuevos comienzos que empezaron cuando y porque yo ya no pertenecía a la organización.

Encontrar nuevos marcos, nuevos grupos de pertenencia, nuevos desafíos en los que uno use el bagaje aprendido en la organización pero también sean más acorde a lo que uno quiere que su futuro sea es un placer. Sobre todo después de un tiempo de estar desvinculado uno descubre cuanto aprendió y cuan útil es el aprendizaje y la experiencia de AIESEC. Pero no necesariamente lo que uno piensa en el momento que está en AIESEC que va a ser útil es lo que realmente es útil en el futuro. De hecho durante un tiempo muchas veces pensé que la experiencia en AIESEC realmente no me dejo aprendizajes diferenciales a la hora de encarar los desafíos que la vida presenta.

Pero eso no es cierto. Me dejo muchas cosas a nivel personal y profesional. A cada quien le deja cosas diferentes porque cada experiencia dentro de AIESEC, si bien tiene un modelo es diferente. Yo participe de tres de los cuatro programas que ofrece AIESEC. Fui líder, fui miembro de equipos y fui pasante en un programa de pasantías de desarrollo global. Me falta una pasantía internacional en una empresa y tengo toda la experiencia que se supone que AIESEC ofrece. Al menos todos los programas. Quizás algún día lo haga, quizás no. Pero aunque tuviera todos los programas completos, mi experiencia es única e intransferible. La de todos lo es. Puede tener similitudes con otras experiencias pero no deja de tener algo singular y particular que la diferencia de todas.

61# Re-encuentros

Hace tiempo que no escribo sobre los intercambios, la multiculturalidad y temas que me retrotraen a mi periodo en AIESEC, una organización de jóvenes que promueven la paz y el desarrollo humano a través del trabajo en la organización que permite pasantías laborales internacionales, que es la segunda forma de promover el entendimiento entre pueblos y la paz.

Cuando integraba la organización pensaba en estos temas con más frecuencia y reflexionaba y escribía al respecto. Generalmente en otros espacios, no en este que es propio. Reflexiono cada vez menos sobre estos temas porque mi mundo se redujo a la realidad local, mis intercambios son experiencias pasadas que a veces pareciera que las vivió otra persona, y en cierto sentido si las vivió otra persona, porque cuando uno se va de intercambio, nunca vuelve. Vuelve una persona diferente, que se parece en aspectos a la que fue, y que quizás físicamente pienses que es la misma, pero esta cambiada.

Mi mundo y realidad se redujo a lo local pero no por eso se empobreció. Los nuevos desafíos, como encarar un trabajo de forma adulta, ser el encargado de guiar mi propia educación (elegir que estudiar, en que tiempos, y donde) y el subsecuente desarrollo laboral, el trabajar en una organización con adolescentes y a través de lo que hago sanar viejas heridas. En esto no me extiendo porque quienes me leen a menudo saben que estoy hablando del bullying y como hablar de la discriminación con adolescentes en el Proyecto Shoa me ayudo a reconstruir mi propia historia y reconciliarme de alguna manera con ella.

Volver a encontrarme con amigos tan queridos que conocí en mi intercambio en Brasil hizo que volviera a pensar un poco en el valor de vivir y conocer otras culturas y en como el corazón queda dividido en muchas partes cuando construís un poco de tu historia afuera de Uruguay. En algún momento escribí específicamente sobre este punto. Es ineludible en cualquier experiencia de intercambio dejar una parte tuya en el otro país y llevarte una parte de ese país contigo en el corazón. Siempre dan ganas de volver, pero a la vez de poder vivir en el país. Y uno tiene la certeza de que al volver, el mundo siguió girando y las cosas no quedaron como cuando dejaste de vivir allí.

Uno de los reencuentros me marca eso. Una persona que quise mucho, que no se si ame en profundidad como a mi ex novio, del cual hablo largo y tendido en este blog, pero que sin dudas fue importante, viene a Uruguay, con su pareja y me quiere ver. Si bien vamos a vernos y estoy seguro que en el momento en que lo vea todo va a estar bien y lo que va a primar es el cariño por ese tiempo vivido, genera en mí, cierta incomodidad.

Igualmente estos reencuentros que están pasando esta semana y en las anteriores con tantas personas que pertenecieron a mi etapa de vida en la que AIESEC jugaba un rol fundamental y también de mi intercambio a través de AIESEC en Brasil me tocan en un momento de florecimiento personal y laboral. Estoy trabajando en un buen lugar, re-enfocando mi carrera académica para poder crecer en esta empresa sin dejar de lado mi vocación y a la vez a nivel personal estoy reconciliado conmigo después de mucho tiempo de castigarme por el fracaso en una relación con alguien que yo sentí perfecto para mí. Incluso aparecen perspectivas interesantes con otras personas que tengo que conocer más para saber si podríamos comenzar a escribir una historia en conjunto.

Es ayuda. Porque la gente que uno conoce a traves de AIESEC en general es gente inteligente y con grandes talentos y capacidades. Entonces tiene historias de vida interesantes. Son emprendedores, exitosos y alegres. Seguro algunos tendrán demonios por atrás, como yo que tengo talento y soy inteligente pero durante mucho tiempo estuve trabado, pero cuando uno mira la superficie, y en reencuentros breves con amigos que viven en otro país uno cubre las cosas más importantes en la carta de vida del otro, y en cierta forma se queda en la superficie, pareciera ser que son imparables, invencibles, y cuando uno no está en un buen momento, al menos a mí me pasa, se siente el patito feo de la fiesta, el fracaso más grande del siglo.

Uno se siente Gigli o Glitter, las películas que hundieron a Mariah Carey y a J.Lo y Ben Affleck. Pero los tres, luego de esos fracasos volvieron con fuerza, e incluso mejores. Ben Affleck se volvió un actor y director dignos de respeto, Jennifer López en una Zarina que abarca grandes partes del negocio del entretenimiento y Mariah tuvo singles tan exitosos como We Belong Together, cuyo éxito es indiscutible.

Es bueno tener a mano esta referencia, para darnos cuenta de que por más vergonzosa que sea la caída, siempre se puede volver y, volver mejor.

Al encontrármelos en un momento bueno de mi vida puedo disfrutarlo al reencuentro de forma más relajada. Muchos fantasmas se fueron. Al dejar la organización, deje el contacto con las personas que conocí allí. No de forma completa porque al estar desde los 18 en AIESEC, muchos de mis amigos mas cercanos fueron parte de la organización. Pero si el trato fue mucho menor. Quizás era la vergüenza por haber sentido que fracase en ese aspecto. Quizás era mi propia depresión que me jugaba malas pasadas. Pero lo cierto es que era reticente a volver a verlos. Y después de verlos y charlar un rato me di cuenta de que eran mis amigos por un motivo y de que integraban AIESEC por un motivo. Compartimos muchos valores, somos un tipo de gente determinado y si bien hay grandes diferencias entre nosotros, también existen cercanías innegables que hacen que entre al menos algunos de los ex miembros, existan bases para lograr una amistad.

En los reencuentros nos redescubrimos y también descubrimos cosas nuevas de los otros. Como ideas políticas que cada uno tiene, algo que nunca discutimos en el seno de la organización. Vemos similitudes y diferencias y nos conocemos de nuevo, sin ese marco institucional y siendo ya más adultos.

Volviendo a los reencuentros con los extranjeros, es impresionante como el idioma crea realidades. El lenguaje y las barreras que no saberlo trae consigo crean formas de vincularse. Y de hecho cuando en tu mente el idioma esta, después de un tiempo de escucharlo o intentar hablarlo, vuelve a estar fresco. Muchos de mis pensamientos en este fin de semana fueron en portugués. En cierto sentido me adentre en otra cultura, con otras realidades. Al hablar español con ellos, no lo hablaba como lo hablo con mis amigos. Es un español neutro, y al serlo, también muchas de las cosas de las que hablamos dejan de tener determinado significado. Al hablar de política uruguaya uno habla y presenta el panorama de manera distinta a cuando uno lo discute con otro local.

Por eso es bueno animarse a reencontrarse con gente con la que vivimos grandes momentos de nuestra existencia. Si bien esos momentos son parte del pasado y no es bueno vivir de recuerdos, con personas con las que construimos nuestro pasado y que integran nuestros mejores recuerdos, es probable que sea posible construir presente y futuro. Por algo los elegimos una vez. Por algo nos eligieron una vez. La clave del reencuentro es compartir el presente con la otra persona, además de recordar con amor el pasado que los une.

Genocidio y la Shoá

Antes de la Shoá no había una definición de genocidio. Nadie la había creado. Lo cierto es que existieron genocidios a lo largo de la historia. La humanidad está manchada de genocidios. Sin embargo, ninguno fue tan paradigmático como la Shoá. Ninguno fue tan modélico. Ninguno tuvo las características que el nazismo le imprimió a la Shoá.

Sin embargo fue a partir de la Shoá que se creó la definición. Y como toda definición se creó abstrayendo información de la realidad para crear un concepto más general a través del cual los seres humanos pudiesen comprender que es lo que había pasado años antes en la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Al entender este fenómeno también pudieron entender otros anteriores, como el genocidio armenio y otras tantas barbaries ocurridas antes y después de la Shoá. Incluso se pudo separar lo que es un genocidio de lo que son crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra, crímenes contra la paz y otros tantos tipos de crímenes diferentes a un genocidio, pero no por ello menos terribles.

El término fue acuñado y definido por primera vez por el jurista judeo-polaco Raphael Lemkin, que en 1939 había huido de la persecución nazi y encontrado asilo en Estados Unidos. Lemkin compuso la palabra genocidio a partir de genos (término griego que significa familia, tribu, raza o pueblo) y -cidio (del latín -cidere, forma combinatoria de caedere, matar). La definición fue mutando un poco con el correr de los años hasta ser recogida en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948.

Lemkin definió el crimen de Genocidio como “la aniqulación planificada y sistemática de un grupo nacional, étnico, racial o religioso o su destrucción hasta que deja de existir como grupo”.

Explicaba que dicho crimen no significaba necesariamente la destrucción inmediata y total de un grupo, sino también una serie de acciones planificadas para destruir los elementos básicos de la existencia grupal, tales como el idioma, la cultura, la identidad nacional, la economía y la libertad de sus integrantes.

Desde un punto de vista jurídico, el genocidio, ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra se considera un delito de derecho internacional. Tanto la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948 como el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI) de 1998 recogen una idéntica definición:

Delito de Genocidio

Se entenderá por “genocidio” cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:

A) Matanza de miembros del grupo;

B) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;

C) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;

D) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo;

E) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.

Con los avances de la antropología, Levi-Strauss acuñó el término etnocidio. Este término se refiere a un proceso de “aculturación impuesto a una población por parte de otra más poderosa, y cuyas consecuencias últimas pueden ser la desintegración y posterior desaparición de una cultura.”

Con los estructural-funcionalistas aparece un nuevo concepto relacionado al de genocidio que es el de asesinato estructural. Este tipo de asesinatos en masa son por motivos productivos. No son un fin en sí mismos ni tampoco tiene los fines políticos, territoriales o religiosos que los genocidios pueden tener. Este tipo de crímenes se han visto en Centroamérica cuando para aplacar las protestas de las fuerzas productivas en empresas frutícolas se han ametrallado a los manifestantes, con el fin de obtener la producción de frutas y verduras. De hecho este tipo de crímenes también tiene un origen inmemorial. En el sermón de Antonio de Montesinos (que impactó luego en Bartolomé de las Casas) se acusaba a las formas de explotación de los indígenas al ser sometidos a trabajar sin ser alimentados, viviendo en condiciones terribles. Incluso se cuestionaba de donde residía la autoridad de los españoles para someter a la esclavitud y servidumbre a los indígenas, entre otras acusaciones verdaderamente sorprendentes para la época.

La diferencia entre otros genocidios con la Shoá es que generalmente los genocidios tienen un motivo pragmático, sea la búsqueda del poder político, económico, territorial, etc. La Shoá, si bien generó beneficios económicos en sus perpetradores tenía un motivo básicamente ideológico.

Asimismo tenía pretensiones globales, se quería acabar con todos los judíos de Europa y tras conquistar Europa borrarlos del resto del mapa.

También fue un genocidio total. En la primera definición de genocidio se hablaba de desintegrar a un grupo, no necesariamente de exterminar a todos sus miembros, como individuos. En la Shoá el objetivo era matar a la totalidad de los judíos y bastaba con tener un abuelo judío para ser considerado judío.

Por estas causas es considerado paradigmático dentro de los genocidios, único en su tipo.

Para finalizar, si bien la Shoá es un genocidio único,  esto no disminuye la importancia de los otros genocidios o de otros crímenes horrendos que la humanidad ha vivido. Los sufrimientos no pueden ser comparados y todas las víctimas de este tipo de crímenes merecen nuestro mismo respeto y solidaridad.

Historias

Todos tenemos historias y todas las historias comienzan,

y no necesariamente uno las piensa

simplemente empiezan.

 

Algunas como un volcán en erupción

se llevan todo por delante con inconmensurable emoción.

Otras más tranquilas como la brisa

que mueve las hojas de los árboles sin pausa pero sin prisa.

 

Y todas las historias tienen integrantes

que estaban ocultos como cenotes

pero hoy aparecen como nuevos personajes

para llenar mi vida, como las páginas de un diario de viaje.

Hay historias que comienzan condenadas a un final

y hay otras que como agua de un géiser emerge

tienen esperanzas de crecer por su fuerza vital

si uno es inteligente y las cuida y protege.

 

La clave es disfrutar

y también saber separar

para vivir todas las historias

hasta que decidamos

cerrar ese capítulo de nuestro libro de la vida.

 

Yo creo que aún no lo cerré.

Mi mente y mi corazón aún no encontraron

entre el yuyo aquella espiga

de trigo que haga que decida

empezar a escribir otro tipo de historias.

In Memoriam: Nadine Gordimer, la guerrillera de la imaginación

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En 1991 el mundo escucho con más atención el nombre de Nadine Gordimer. Es que en ese año la autora sudafricana ganaba el Premio Nobel de literatura, tras una larga carrera como escritora. Sus obras generalmente trataron los conflictos entre etnias y el apartheid, temas que conocía en carne propia.

Nació en Springs, Gauteng el 20 de noviembre de 1923 y murió el pasado 13 de julio de 2014 en Johannesburgo. De origen judío, venia de una familia de inmigrantes de clase media. Su padre era relojero en Lituania y su madre era una mujer londinense. Incipiente escritora, comenzó a escribir relatos desde muy pequeña. A los 15 años público su primer relato en la revista Forum y 10 años más tarde se trasladó a Johanesburgo donde vivió de forma permanente. A pesar del valor literario de su cuerpo de trabajo, no fue una destacada estudiante, y si bien pudo ingresar en la Universidad de Witwatersrand, no finalizo sus estudios.

En un principio escribió historias cortas, publicando su primer libro en 1949. Ese mismo año se casa por primera vez. En 1953 escribe otro libro siguiendo con el estilo de novela corta. En estos primeros textos ya aborda el tema social de su país, usando como telón de fondo la segregación racial.

En su primer novela, The Lying Days, queda ya plasmado su estilo característico, marcado por una técnica narrativa sobria, sin sentimentalismos pero con una preocupación enorme por la degeneración humana que sentía que la rodeaba. En 1954 se casó por segunda vez con Reinhold Cassirer. Con él tuvo un hijo. En estos años comenzó a ser exitosa tanto como escritora de novelas como relatos cortos. Compagino esta actividad con conferencias que dictaba en Europa y América.

En la década de los ochenta Nadine daría a luz algunas de sus obras mas importantes como A Soldier’s Embrace (1980), July’s People (1981), Something Out There (1984), A Sport of Nature (1987), My Son’s Story (1990).

En el mismo anio en que se le concedio el Premio Nobel de Literatura, publicó Jump and Other Stories, continuando con su característica perfección formal, sin utilizar elementos superfluos.

En 1994 publicó No one to Accompany Me, aunque había comenzado a escribirla años antes y The House Gun en 1998. Ya en este siglo siguió escribiendo y publico The Pickup (2001), Get a Life (2005) y su última obra, No Time Like the Present (2012), que muestra la actualidad de Sudáfrica a través de la vida de una pareja de antiguos militantes antiapartheid.

Además del Nobel, recibió una enorme cantidad de premios y distinciones, como quince doctorados honoris causa (por las universidades de Yale, Harvard, Columbia, Cambridge, Leuven en Bélgica, Ciudad del Cabo y la universidad en la que nunca termino sus estudios, Witwtersrand, entre otras).

Pero Nadine no se conformó con ser una gran dama de la literatura sudafricana, sino que fue una voz fuerte en contra de la discriminación, que buscaba la igualdad y la democracia en el mundo. También fue una activista contra el VIH y el SIDA, recaudando fondos para Treatment Action Campaign, una organización que ayuda a enfermos a obtener sus medicinas de forma gratuita y de esta manera salvar sus vidas.

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Y no solo participo de causas a la que solo los necios podrían oponerse sino que tambien critico al presidente sudafricando Jacob Zuma, al oponerse a un proyecto de ley que limita la información que el gobierno pueda considerar sensible. Hace un mes decía: “La reintroducción de la censura es impensable cuando tenemos en cuenta lo que sufrió la gente para deshacerse de la censura en todas sus formas”

Sus obras principales:

  • 1956, La suave voz de la serpiente
  • 1956, Seis pies de tierra (Six Feet of the Country)
  • 1958, Mundo de extraños (A World of Strangers)
  • 1960, La huella del viernes (Friday’s Footprint)
  • 1965, No para publicarlo (Not for Publication)
  • 1966, Ocasión para amar (Occasion for Loving)
  • 1966, El desaparecido mundo burgués (The Late Burgeois World)
  • 1970, Un invitado de honor (A Guest of Honour)
  • 1971, Livingstone’s Companions
  • 1974, El conservador (The Conservationist)
  • 1975, Selected Stories (1975)
  • 1979, La hija de Burger (Burger’s Daughter)
  • 1980, Soldier’s Embrace
  • 1981, Gente en julio (July’s People)
  • 1984, Something Out There
  • 1987, A Sport of Nature
  • 1990, La historia de mi hijo (My Son’s Story)
  • 1994, Nadie que me acompañe (No one to Accompany Me)
  • 1998, Un arma en casa (The House Gun)
  • 2002, El encuentro
  • 2004, Saqueo
  • 2006, Atrapa la vida
  • 2007, Contar cuentos
  • 2008, Beethoven tenía algo de negro

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El recuerdo

El recuerdo de tu dulce disposición

a escuchar mis eternas historias

sobre como a capa y espada quería salvar el mundo

merecerían más que un poema, una canción

que rescatara nuestras memorias

del olvido oscuro más profundo.

 

El recuerdo ya no me atormenta

como la sombra de algo que ya murió,

como el fantasma del que no me puedo escapar.

 

Pero mi corazón aún se lamenta

por aquel hombre que se alejó y nunca volvió

y se lamenta que solo le quede como opción esperar.

 

No a que vuelva.

Mi corazón no cree en quimeras,

sino volver a sentir

el piso de nubes

y el ánima alada por la esperanza

de la dicha indescriptible.

 

Y no es que no sienta

que puedo tener otras historias de amor verdaderas

porque me queda mucho por vivir

pero a veces me dejo llevar por las costumbres

de que después de un gran amor la vida es una tabla rasa

aunque eso es ciertamente discutible.

 

Me rehúso a claudicar en el amor

y siempre la idea estará resguardada en mi bastión interior

y aunque tu recuerdo a veces me traiga dolor

no es esa la cuestión.

 

El recuerdo de tu dulce disposición

a soñar juntos un futuro

y a dejarme soñar con llevar mis ideales como un caballero de brillante armadura

merecería mejores líneas que las que describe un enamorado respecto a su sensación

pero no expresar lo que siento sería demasiado duro

y yo no quiero perder de nuevo la cordura.

 

Igual tengo esperanza.

Solo una vez tengo que hacerlo bien,

Para que el jardín no se convierta en un árbol de ciprés.

 

Mientras tanto tu recuerdo me acompaña.

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